Nuestro compañero Lluís M. Garcia Raffi como miembro de la Comisión de Educación de la Real Sociedad Matemática Española (RSME) ha colaborado en la última evaluación del PISA en España donde ha obtenido unos resultados similares a los anteriores. Estamos por debajo, aunque no muy lejos, de la media de los países de la OCDE. El alumnado español de 15 años no mejora su rendimiento en la prueba de matemáticas a pesar de las dos reformas educativas (LOE en 2006 y Lomce en 2013). En ambas se ha puesto mucho esfuerzo en reformar el currículo de matemáticas para intentar enfocarlo hacia un modelo que, en teoría, debería haber mejorado nuestros resultados en este tipo de evaluaciones internacionales.
Las reformas se han centrado en introducir un bloque transversal en la definición de estándares de aprendizaje evaluables y en incluir o aumentar determinados temas que estaban ausentes o infrarrepresentados dando más presencia a la estadística y la probabilidad, por entender que son útiles para el conjunto de la ciudadanía en la sociedad digital actual. Por tanto, los cambios han estado alineados con las principales tendencias en educación matemática a nivel internacional.
PISA no evalúa tanto contenidos concretos como la denominada competencia matemática: la capacidad de utilizar las matemáticas en la vida cotidiana. No han sido capaces de mejorar ya que la introducción de contenidos relacionados con la aplicación práctica de las matemáticas no se ha visto acompañada de una valoración respecto a lo que ya formaba parte del currículo. No se trata de añadir más contenidos a un currículo de los más densos. Se necesita profundizar en lo que se aprende. Estudiar menos conceptos para aprenderlos mejor. Es necesario revisar críticamente el currículo para determinar contenidos, prácticas y procedimientos que no sean necesarios o sean menos importantes.
Se necesitan más horas de docencia de matemáticas. Pero, conscientes de la dificultad de aumentar las horas, la única solución eficiente pasa por reducir la carga de contenidos y ampliar el tiempo dedicado a fomentar su comprensión y aplicación. El alumnado tiene dificultades para conectar e integrar información, construir modelos matemáticos para resolver problemas, razonar, argumentar o generalizar matemáticamente, y reflexionar usando argumentos lógico-matemáticos para abordar los problemas y situaciones de su entorno.
Se deben definir objetivos claros, proporcionar orientaciones metodológicas precisas para que la práctica docente se alinee con los objetivos, revisar exhaustivamente los recursos y materiales docentes, definir qué prácticas debe realizar el alumnado, organizar y promover la formación continua del profesorado para garantizar su actualización en la didáctica específica de la matemática y finalmente, realizar una evaluación acorde con todos los demás elementos del currículo.
España debe acometer esta tarea sin demora. Requiere un impulso político. Debe hacerse atendiendo a las particularidades de la educación matemática, escuchando a la comunidad educativa matemática, especialmente al profesorado de Secundaria.
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